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Septiembre 2006

Enviado por Ama el 06/19/2007



….Ver, admirar, contemplar, recibir testimonios de vida, cargada unas veces de entrega y dedicación, otras de búsqueda de una salida del hueco donde se ha depositado nuestra esperanza. Una pelota rueda por encima de la arena y las piedras, detrás aparece un niño corriendo y chillando. Hace un rato el estaba sentado a mi lado, bueno mas bien de rodillas encima de la silla ya que por su estatura no llega bien a la mesa a escribir, le observaba también mientras dibujaba, veía sus múltiples muecas y su rápido hablar contándome lo que le había sucedido en el colegio.


Tierra y arena es lo que veo cuando abro la puerta, aire frío y polvo siento al andar por la inhóspita pampa en la que solo unos perros rompen el sepulcral silencio y muy de vez en cuando se ve pasear alguna persona. Las huellas se distinguen nítidas en la arena, se ven a distancia apreciándose perfectamente que clase de animal las ha hecho. El sol derrite las ganas de salir adelante, de prosperar, te encierras entre una estera y un aparato eléctrico que van consumiendo tu vida.


Sigue la pelota rodando por delante del sudoroso niño, a cada paso una nube de polvo se levanta pero a el no le preocupa incluso cuando tropieza con la pierna de algún compañero y su cuerpo abraza la reseca arena, raudo se levanta, continua corriendo y gritando.


Suenan emociones alrededor del salón, afloran sentimientos que describen la felicidad, la carcajada hace retumbar las paredes, lindas las caras con sus labios recubiertos de chocolate y las bocas que echan de menos algunos dientes. Borra que borra, taja que taja el lapicero va desapareciendo, rojo y negro, negro y rojo, primero uno y luego otro. Letras diminutas, enormes, ilegibles unas, indescifrables otras, llenan los cuadernos de los niños que se agolpan sobre las mesas. Rápido se acercan sus ojos al cuento, miran y remiran los dibujos, se meten dentro de la leyenda como si fueran los protagonistas.


Un despertar, un amanecer, un descubrir una nueva aventura, vives y sientes ese aire que antes no soplo en tu rostro, el agua que no mojo tus olorosos y ennegrecidos pies, el pasto que cosquillea en tu espalda. Nadie se queda quieto, hay pura energía, algo esta naciendo, amaneciendo, el niño mira como hipnotizado, no puede perderse nada arriba, abajo, adelante y hacia atrás corre y salta. Esa admiración, ese deslumbrar que enriquece sus pequeñas mentes en tamaño pero inmensas por su riqueza de conocimiento y de emociones, esos ojos abiertos como queriendo introducir todas las imágenes que perciben.


Grises amaneceres contemplan el bullicio, la inmensa manifestación de colores, olores, sabores todo un día que dura una eternidad, en la noche los rostros somnolientos y cansados te miran pero creo que ya no perciben, necesitan un gran reposo. Durante el día agotador sus ojos ven pasar a una gran multitud de personas que necesitan de sus servicios, a ultima hora necesitan ponerse su frazadita para cubrir sus piernas que reciben el frio de la inmovilidad, del pasarse horas y horas sentada y de rodillas. Toda una vida en dos metros cuadrados, por tus manos circula plata y más plata pero solo la disfrutan tus ojos, en tu poder quedara una mínima parte para poder sobrevivir toda la semana.


Es amarillo parece el sol, realmente es un sol dibujado en un uniforme que te distingue en la lejanía, al verte me antojo de algo frio para saciar el agobiante calor aumentado por la sudorosa humedad. Me siento en el triciclo y te escucho, al principio no te entendía mucho aparte que hablabas muy deprisa, también raro para mí, te preguntaba que era lo que querías decirme con algunas expresiones para mi desconocidas. Te veía que tenías ganas de hablar con alguien ya que todo el día lo único que hablabas era
“que helado quiere usted”, me hablabas de tus compañeras y compañeros, de tus profesores, de los chicos que te gustaban. Estabas muy interesada en saber como era de donde yo venia, como era la gente, si era bonito o feo. El océano al lado rugía y acariciaba las rocas con su blanca espuma, otras muchachas pasaban a tu lado luciendo sus últimos modelos recién comprados, mirabas y te imaginabas a ti misma con esa ropa en vez del modelito amarillo con el que estabas posando ahora. Que diferente tu sonrisa a la de ellas, el conversar, tus necesidades, los gustos, en ese momento tan cercanas una de otra pero que lejos a la hora de entrar por la puerta de vuestra casa.


“No le digas a mi mama que me porté mal” escuchaba al niño pidiéndome con su tierna carita que hacia diez minutos expresaba rabia y unas ganas de dar un puñete a su compañero. Rabia, frustración, querer que todo salga como ellos quieren y sino ya no hay salida, la ley del mas fuerte. Cuando vives en ese mundo aprendes a dar, a dar golpes y no amor y cariño, si quieres conseguir algo la mejor opción es que tu mano sea la primera en llegar al rostro de tu contrincante, la palabra no se utiliza mucho y si se utiliza es para decir cojudeces y palabrotas malsonantes.


Sus ojos miraban dulcemente a su hermanita como dormía, incluso con el vaivén de la combi no se inmutaba, le oía decir algunas palabras pero no le entendía muy bien, creo que canturreaba. En un momento nuestras miradas se cruzaron me veía extrañado algo raro tiene ese colorado pensaría que hace aquí. Mira por la ventana no se le escapa nada a derecha o a izquierda quiere saber, aprender, descubrir para que sirve esto y lo de mas allá. Te pregunta “por que se hace así ““por que tiene que ponerse a ese lado” “para que sirve “, le gusta investigar se siente importante.


Un día mas las olas se precipitaban, como cuando descorchas el champagne, sobre las rocas, el rostro se humedecía con las gotitas que llevaba el viento y sentías un relajo y una admiración natural a pesar de la brusquedad de la ola que paz interior se siente, un día mas te observo océano Pacifico….




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