Noviembre
Enviado por Thanatos el 06/04/2007
Esta mañana , día 3 de noviembre, ya habían pasado las fiestas oficiales dedicadas a los Difuntos y no se hablaría hasta el año que viene de la reposición del Don Juan, no habría huesos de santo ni buñuelos, algunos no volverían a comprar flores en todo el año, ni se cerrarían ciertas calles al tráfico para facilitar el camino a los Cementerios ... Todas estas reflexiones se mezclaban como tópicos, recuerdos y otros venían empujados por los personajes de la radio, cuando el sonido del móvil me retrotrajo a este mundo. Era un matrimonio que están de educadores en una casa para comunicar que en la madrugada se había muerto el padre de unos niños que están con nosotros en un hogar. Quedamos en vernos en el Tanatorio para acompañar a los chicos y su familia allí. Por razones que no vienen al caso llegué antes y entré en la Sala. Como no conocía a nadie dirigí mis pasos hacia la Cafetería, lugar siempre socorrido y más en un Tanatorio, cuando me encontré con el niño que me preguntó qué hacía yo allí ante mi sorpresa. No esperaba que quisiéramos estar con él y su familia en esos momentos. Una vez en la Cafetería se presentó el chico con su hermana y ya estuvimos charlando sobre los últimos acontecimientos. Todo transcurría con la normalidad que se da en todo este asunto de los Servicios Sociales, donde las preocupaciones y los sentimientos están descritos como objetivos y sometidos a tablas de evaluación ; donde todo es muy objetivable, profesional... Yo me sentía bien, había acudido ante el problema de un ser humano ( el estreno de la orfandad ) y no estaba en un despacho, estaba cercano... los chicos controlaban .Yo era todo un Director democrático. Pero de pronto me sentí que sobraba, que estaba de más porque la cara de los chicos se convirtió en una sonrisa de respiro, de seguridad y de confianza en sí mismos en cuanto vieron al matrimonio que vive con ellos. Nadie percibió el cambio, sólo yo que viví el antes y el después. Ver ese cambio en el rostro de los chicos os lo aseguro, merece la pena y más si lo estás dinamizando sin que se note. Quizá te parezca, lector, una fruslería, una ñoñez, pero creo que si llegamos a ese grado de complicidad humana con nuestros chicos , merece la pena y podremos empezar a hablar de educación. Sólo me queda dar fe de que no había ninguna Trabajadora Social, ni Psicólogo, ni nada parecido; había un pedagogo y sobraba. Ése era yo.
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